Oliver Twist

Título: Oliver Twist
Autor: Charles Dickens
Editorial: Vicens Vives
Num. páginas: 155

Esta novela relata las aventuras de un niño que debe desenvolverse en un mundo inhóspito, donde tanto la bondad como la maldad son pan de cada día; pero demuestra también que se tienen principios éticos sólidos, es posible revertir el infortunio y alcanzar mejores condiciones de vida. Una hermosa y sensible historia, cuyos personajes reflejan la problemática social presente en todas las épocas.

Opinión personal:
Una gran obra maestra, tan entretenida de principio a fín, tan conmovedora, tan entrañable, que se ha convertido en uno de mis libros favoritos. Muy recomendable para cualquier edad.

El ladrón mago

Título: El ladrón mago
Autor: Sarah Prineas
Editorial: Montena
Num. páginas: 290

"Un ladrón tiene mucho de mago. Yo soy rápido con las manos. Y puedo hacer desaparecer cosas. Pero un día se me ocurrió robarle al mago su locus magicalicus y el que estuvo a punto de desaparecer para siempre fui yo."

Este libro es el primero de una trilogía. El segundo se llama El ladrón mago: Perdido, y el tercero El ladrón mago: ¡Eureka!

Opinión personal:
El principio de este entretenido libro puede resultar pesado, aunque no tarda mucho en ponerse bastante interesante. Al principio se desconfía del propio protagonista, pero después se le coge mucho cariño. Esto puede resultar extraño, pero es que, Conn, es un ladrón.

Los renglones torcidos de Dios

Título: Los renglones torcidos de Dios
Autor: Torcuato Luca de Tena
Editorial: booket
Num. páginas: 436

Alice Gould es ingresada en un sanatorio mental. En su delirio, cree ser una investigadora privada a cargo de un equipo de detectives dedicados a esclarecer complicados casos. Según una carta de su médico particular, la realidad es otra: su paranoica obsesión es atentar contra la vida de su marido. La extrema inteligencia de esta mujer y su actitud aparentemente normal confundirán a los médicos hasta el punto de no saber a ciencia cierta si Alice ha sido ingresada injustamente o padece realmente un grave y peligroso trastorno psicológico. 

Opinión personal:
Un libro diferente, impresionate, nada de lo que estamos acostumbrados. En este libro, no es la protagonista y el lector el que descubren cosas a la vez. En este libro, el lector sabe cosas que el propio protagonista no sabe.

La casa del acantilado

Título: La casa del acantilado
Autor: Miren Agur Meabe
Editorial: edebé
Num. páginas: 130





"Me llamo Joana. He regresado hace poco, tras pasar algunos años lejos de aquí. He vuelto a mi pueblo. Traigo el cuaderno, mi cuaderno violeta, refugio de todos los ángeles y demonios de mi vida. Estoy en el acantilado. No me ha vencido la oscuridad. Estoy aquí. Y en este cuaderno está escrita mi historia. Tenía entonces dieciséis años. Dieciséis años..."

Opinión personal:
Es una historia de amor, pero no una cualquiera, es una historia de amor con un poco de terror. El amor de la protagonista se enlaza con una extraña y antigua maldición que acecha a una casa. Una intriga romántica del siglo XXI.
  

2001: una odisea espacial

Título: 2001: una odisea espacial
Autor: Arthur C. Clarke
Editorial: Debolsillo
Num. páginas: 169

Un sobrecogedor viaje interestelar en busca de la evidencia de que el ser humano no está solo en el cosmos. Una expedición a los confines del universo y a los del alma, en la que pasado, presente y futuro se amalgaman en un continuo enigmático. ¿Qué esencia última nos rige? ¿Qué lugar ocupa el hombre en el complejo entramado del infinito? ¿Qué es el tiempo, la vida, la muerte..? Una grandiosa novela de dimensiones épicas cuyo amplio abanico de interpretaciones ofrece una visión totalizadora.

Opinión personal:
Un libro corto pero que se hace largo. Entretenido para quien le guste el espacio, la ingeniería espacial, etc. El principio es sorprendentemente emotivo, aunque el resto se hace muy poco llevadero.

Trilogía Ewilan

Ewilan es una trilogía de género fantástico, del escritor francés Pierre Bottero que en España solo se ha publicado con Círculo de lectores.


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El primer libro de la saga se titula Ewilan, y consta de 250 páginas.

Para Camille, la vida no había sido fácil, aunque su portentosa inteligencia le había ayudado a superar la falta de cariño con la que sus padres adoptivos solían tratarla. Sin embargo, desde que saltara junto con su inseparable amigo Salim hacia aquella "otra realidad", el destino les mostraría un nuevo camino. En aquel universo paralelo, al cual pertenecía realmente y donde se convertiría en Ewilan, su poder como magnífica dibujante traería la esperanza de paz y el control de las fuerzas del caos.
El segundo libro se titula Ewilan: Las fronteras de hielo.

Ewilan, poseedora del don del dibujo y de la extraña facultad de poder pasar al «otro lado», ha regresado a Gwendalavir. Ahora debe enfrentarse a la peligrosa misión de despertar a los centinelas prisioneros, los únicos que pueden salvar ese mundo y rescatar a los verdaderos padres de Ewilan. En compañía de su amigo Salim, del guerrero Edwin, del maestro Duom y de Artis el soñador, la joven va a emprender la etapa más peligrosa de su viaje...





Y el tercer y último libro de ésta saga se titula Ewilan: La isla del Destino.

En los misteriosos dominios de Gwendalavir, Camille descubre que la realidad no siempre es lo que uno cree.Y aunque en aquel mundo desconocido su fama y su coraje alcanzan ya tintes de leyenda,su verdadera mision apenas acaba de empezar.La isla del Destino aguarda en algun lugar remoto,ocultando los secretos de su pasado...y las claves de su incierto futuro.






Opinión Personal:
Ewilan me ha parecido, personalmente, una saga con un final bastante previsible, me ha recordado vagamente a las Crónicas de Narnia, pero en versión un poco más mala. Aunque la lectura es sencilla, fluida y está bien para entretenerse. Me he sentido muy identificada con la protagonista aunque en ocasiones me cayera francamente mal. El comienzo y el origen de la trama me ha recordado vagamente a las típicas series americanas de ciencia-ficción para adolescentes. Aunque eso no es que sea algo malo, pero ya le ha quitado puntos de originalidad, a mi parecer.
En general está entretenida y lo recomiendo como lectura ligera, y aunque sean tres libros son bastante cortos y como el argumento es simple se lee rápido y además pasando un rato agradable, ya que es fácil y cómodo de leer. 
Aunque no me haya enganchado demasiado, tampoco me ha parecido un tostón, sino que está pasable.

LECTURA I: Capítulo 1º de "Finis Mundi"

Finis Mundi es uno de los primeros libros de la famosa escritora de fantasía Laura Gallego, y del cual ya hemos hablado anteriormente. Ahora voy a poner el primer capítulo, para que lo empeceis a leer si quereis :)


Libro I: El Eje del Presente

Año 997 d. C.
Mundus senescit

A coro con los salvajes gritos de los atacantes, las llamas que envolvían la abadía crepitaban ferozmente y se alzaban hacia un cielo sin luna, iluminando el bosque cercano. El techo del establo se derrumbó con estrépito, al igual que la bóveda de la iglesia recién saqueada. Las oscuras sombras que rodeaban el monasterio aullaron de nuevo y, unas a pie y otras a caballo, se alejaron hacia el pueblo que dormía aguardando la llegada del alba.
Oculta por los frondosos árboles, una figura corría por el bosque, jadeante, tropezando, buscando un refugio. Dio un traspié y cayó sobre la húmeda hierba. Rodó hasta un espeso matorral y se ocultó allí, sollozando. Sólo cuando las voces se apagaron se atrevió, prudentemente escondido y sin asomarse demasiado, a volver la vista atrás para contemplar los restos de lo que había sido su hogar en los últimos años. Temblando, vio cómo el fuego se consumía lentamente.
Sintió que lo atenazaba el desaliento; pero, a pesar de su juventud, a pesar de su fragilidad, a pesar de su miedo, no dejó ni por un momento de estrechar contra su pecho un preciado códice que había logrado rescatar de las llamas.
En su mente seguían resonando una terrible frase: mundi termino appropinquante… Sus labios formaron las palabras de una plegaria, pero su garganta no emitió ningún sonido.
Mundi termino appropinquante

En la plaza se había formado un pequeño grupo de gente que iba aumentando lentamente, atraído por una sólida y potente voz que recitaba un largo cantar. Sentado en los escalones de piedra de la iglesia, perdido en sus pensamientos, un jovencísimo monje parecía ser el único que no sentía interés por la historia que se relataba un poco más allá. Su hábito negro indicaba que pertenecía a uno de los muchos monasterios que la orden de Cluny tenía sembrados por toda Francia.
Una muchacha que pasaba se le quedó mirando y, compadecida, se detuvo junto a él.
–¿Qué te sucede, hermano? –preguntó–. Pareces preocupado.
El chico alzó la mirada y sonrió. Estaba pálido, y sus ropas no lograban disimular su extrema delgadez.
–¿Has oído hablar del monasterio de Saint Paul? –le preguntó a la aldeana.
Ella ladeó la cabeza, tratando de pensar.
–¿El que está junto a las montañas, cerca del bosque?
–Estaba, querrás decir. La semana pasada sufrimos un ataque. No dejaron piedra sobre piedra.
En el rostro de la joven se formó un rictus de rabia e indignación.
–Húngaros –dijo. Más bien escupió la palabra–. No sabía que habían llegado tan lejos. Nada detiene a esos salvajes.
El monje guardó silencio. La muchacha lo miró fijamente.
–¿Te has quedado sin hogar? No te preocupes. El abad de Saint Patrice te acogerá. ¿Es eso lo que te trae por aquí?
El monje negó con la cabeza y sonrió con cierta condescendencia.
–No; voy muy lejos. Busco un lugar llamado la Ciudad Dorada.
La muchacha se encogió de hombros.
–Nunca la he oído nombrar.
El monje no pareció sorprendido. No había esperado ni por un momento que ella lo supiera.
–Tú debes de haber leído muchísimos libros –añadió la aldeana, que seguramente no sabía leer–. ¿No sabes dónde está?
El muchacho desvió la mirada.
–No creo que sea algo que esté escrito en los libros –dijo.
–Entonces pregúntale a él –replicó la chica, señalando con el mentón al grupo del fondo de la plaza–. Es el juglar más famoso de toda Francia. Ha viajado por todo el mundo, y conoce muchísimas historias. –Le brillaban los ojos de admiración–. Si se trata de una leyenda, seguro que la sabe.
El monje no respondió. Para una muchacha humilde como ella, un juglar debía de ser todo un héroe. Él, por su parte, abrigaba bastantes dudas acerca de los conocimientos de un simple narrador de cuentos ambulante. Pero no dijo nada, ni siquiera cuando la chica se despidió deseándole suerte. Se limitó a dedicarle una sonrisa.
Se quedó inmóvil un rato, mientras la voz del juglar, relatando las hazañas de algún héroe carolingio, seguía resonando por la plaza.
La norma de su orden le advertía de los peligros de relacionarse con gente de aquella clase. Los juglares no solían ser tipos de fiar; contaban historias y recitaban poemas, pero también divulgaban canciones obscenas, estafaban y robaban si tenían ocasión. Eran, además, vagabundos, individuos errantes de dudosa moralidad.
Torció el gesto. Aquél podía ser el juglar más famoso de toda Francia, podía actuar en las cortes de los príncipes y tener a las muchachas encandiladas; pero seguía siendo un juglar.
Por otro lado, el secreto que él se había llevado consigo en su huida del monasterio era una carga demasiado pesada como para portarla solo. Y cualquier abad le diría lo que le había dicho su superior unas semanas atrás: “Olvídate de esas tonterías, jovencito. Ofenden a Dios”.
Lo único que podía hacer era continuar él solo. Sin embargo, el mundo era grande, y no sabía por dónde empezar. Quizá debería encontrar a un caballero que lo escoltara; pero todos los caballeros tenían cosas mejores que hacer.
Oyó vítores y aplausos: el juglar había terminado su actuación, y agradecía los donativos que recogía un enorme perrazo que se paseaba entre el público con un platillo en la boca. El muchacho pudo vislumbrar al recitador entre la gente, porque era muy alto. Se trataba de un hombre joven, de rasgos afilados y mirada sagaz. Los cabellos castaños le enmarcaban el rostro, y le caían sobre los hombros formando ondas. No parecía haberse afeitado en varios días.
El monje se sorprendió a sí mismo considerando muy seriamente la sugerencia de la aldeana. Después de meditarlo unos instantes, se encogió de hombros. Bueno, se dijo. Este hombre está acostumbrado a contar historias extraordinarias. Una más no le sorprenderá.
Se levantó, resuelto a acercarse y preguntarle por la Ciudad Dorada. Se aproximó al juglar mientras éste recogía sus cosas, llamaba al perro con un silbido y se cargaba su instrumento a la espalda.
Tres chicas le salieron al paso al narrador de historias, reprimiendo risitas y dándose codazos disimulados, en busca de una mirada, una sonrisa, un gesto amable de aquel hombre que sabía tantas cosas. Pero el juglar las despidió con una frase seca, y ellas se alejaron decepcionadas.
El monje lo observó con curiosidad. El hombre de las historias poseía una extraña calma y dignidad que lo hacían completamente diferente a otros juglares que entretenían a su público haciendo payasadas. Lo vio acariciar a su perro con una expresión seria y pensativa, y, seguidamente, alzar la mirada hacia él. Los ojos del juglar se clavaron en el monje y lo estudiaron de la cabeza a los pies. El muchacho se sintió molesto, y enrojeció intensamente.
–¿Qué miras? –protestó.
–A ti –replicó el otro sin alterarse–. Hace rato que me estás observando. ¿Te parece mal que actúe tan cerca de la iglesia? Eres demasiado joven para meterte en asuntos que no te incumben. Además, tengo permiso del párroco.
El monje enrojeció aún más.
–No se trata de eso –dijo–. Me gustaría preguntarte algo. Dicen que has visitado muchos lugares y conoces gran cantidad de historias.
El hombre le dirigió una mirada inquisitiva.
–Tengo cierta prisa, amigo. Pretendo llegar a Louviers antes del anochecer, así que no pienso recitarte un cantar entero. Ya he terminado mi trabajo aquí.
–Seré breve. ¿Sabes dónde está la Ciudad Dorada?
El juglar lo observó con curiosidad.
–Hay muchas ciudades doradas en muchas historias. Conozco varios sitios que podrían llamarse así.
El chico pareció desanimarse.
–Entiendo –dijo–. Gracias, de todas formas.
Se volvió para marcharse, pero el juglar se sintió intrigado.
–¿Para qué quieres saberlo? –le preguntó–. ¿Y por qué me preguntas a mí? Seguramente el abad de tu monasterio podrá informarte mejor que yo.
El monje dio media vuelta y lo miró con fijeza.
–Está muerto –dijo–. Todos están muertos.
El narrador de historias comprendió.
–Vienes de Saint Paul. He oído hablar de lo que pasó allí. No sabía que hubiera supervivientes.
El chico le dirigió una mirada inexpresiva.
–Pero debes seguir adelante –prosiguió el juglar–. Todos pasamos por un mal trago. Todos tenemos que madurar algún día. Tú no eres especial por eso.
El monje se quedó boquiabierto. Iba a replicar algo, pero el otro continuó:
–Yo era un chiquillo mucho más joven que tú cuando el señor feudal de mi tierra arrasó mi aldea y mató a mi familia. Debía de tener cinco o seis años, pero aquel día la infancia se acabó para mí. –Hablaba con voz fría y desapasionada, como si ya nada pudiera herirle, como si hubiera perdido la capacidad de sentirse impresionado–. Tuve que echarme a los caminos y a veces pasé hambre y frío, y corrí peligro; pero no me fue tan mal. En cambio tú, muchacho, encontrarás refugio en cualquier monasterio. Allí te escucharán.
–Nadie me escuchará en ningún monasterio –dijo el monje a media voz–. Y ni siquiera voy a intentarlo. Tengo que ir a la Ciudad Dorada y el tiempo se acaba.
El juglar lo miró extrañado y pensativo. Su perro lanzó un corto ladrido.
–Dices cosas muy raras, chico. O estás loco o tienes una historia interesante que contar. Si me lo explicas, tal vez pueda encontrar alguna pista sobre esa Ciudad Dorada.
El muchacho no respondió. Parecía dudar.
–Bueno, está bien –concluyó el juglar encogiéndose de hombros–. No tengo todo el día y no puedo esperar a que te decidas. Que tengas suerte, muchacho.
Dio media vuelta y echó a andar por la plaza.
–¡Eh, espera!
El monje corrió tras él.
–Puedo acompañarte un trecho –dijo–. Hasta el próximo pueblo. Te contaré lo que sé, y quizá puedas ayudarme… si es cierto lo que dicen de ti.
–La gente habla mucho. Nunca me detengo a escuchar lo que se dice de mí. ¿Cómo te llamas?
–Michel –contestó el monje, agradecido–. Michel d´Évreux.
El juglar asintió.
–Yo soy Mattius –dijo solamente.


El joven religioso había olvidado sus prejuicios. Mientras caminaba junto al alto juglar por una vereda flanqueada de abedules se preguntó por un momento qué le había impresionado tanto de aquel hombre como para pedirle su atención y su compañía. “El mundo está loco”, se dijo.
–¿Y bien? –preguntó Mattius al cabo de un rato.
–Yo nací en una familia pobre –comenzó Michel–; éramos ocho hermanos, y yo era el más débil. Era una carga para mi familia y, además, me sentía atraído por la vida religiosa y la austeridad y espiritualidad de los monjes de Cluny. Por eso mis padres me ingresaron muy joven en un monasterio que dependía de la Orden. Eso fue hace ocho años, cuando yo tenía seis. Allí aprendí latín y muchas otras cosas, pero, como lo que realmente me gustaba eran los libros, y tenía buena letra, pronto me pusieron a trabajar como amanuense.
>> La verdadera historia comienza hace unas semanas, cuando tuve que copiar en el scriptorium un libro muy especial. ¿Has oído hablar del Apocalipsis?
–¿El Apocalipsis? El párroco de mi aldea nos contaba cosas cuando éramos niños, para asustarnos. Sobre terribles catástrofes que sacudirán el mundo cuando esté próximo el día del Juicio.
–Hambres, plagas, guerras y epidemias –asintió Michel; hablaba con cierta dificultad, porque le costaba seguir el ritmo del juglar, y comenzaba a cansarse–. El mundo envejece y, por tanto, ha de morir. El final del reinado de Cristo sobre la Tierra se acerca. El fin del mundo, según el Apocalipsis, ocurrirá un milenio después del año del nacimiento de nuestro Señor. Exactamente dentro de tres años.
Mattius se le quedó mirando.
–¿Y eso es todo? ¿Vas a decirme que el fin del mundo se acerca y debemos expiar nuestros pecados?
–No, por supuesto que no –jadeó Michel–. A pesar de lo que diga el Apocalipsis, ningún mortal puede poner fecha al día final. Eso lo sabe cualquier religioso. –Hizo una pausa, para recuperar el aliento–. Oye, ¿te importaría que parásemos un momento? Vas demasiado deprisa para mí. Además, quiero enseñarte algo.
Se detuvieron junto a una fuente para descansar. Michel metió la cabeza bajo el chorro que brotaba de entre las rocas y la sacó completamente empapada. Mattius esperaba con cierta impaciencia.
El muchacho alcanzó su zurrón y extrajo un enorme libro de su interior. El juglar se acercó y lo observó con un extraño brillo en los ojos.
–Ese códice debe de valer una fortuna –comentó.
Michel se sobresaltó y lo miró. En su interior renacía la desconfianza, y Mattius se dio cuenta.
–No te lo voy a robar –dijo–. Me gustan los libros, y ése está miniado, además. Es una joya.
El joven monje no respondió. Buscaba algo entre las páginas del códice. Mientras pasaba hojas, Mattius contemplaba las ilustraciones con seriedad.
–Son terribles –comentó.
–Son imágenes del fin del mundo. –Michel detuvo su búsqueda para enseñárselas con más calma–. Este libro es una copia de una obra que escribió cierto monje español, llamado Beato de Liébana, hace más de doscientos años. Son unos comentarios al Apocalipsis. Me lo dieron para que lo copiara en el scriptorium.
–¿Y tú sabes pintar cosas así? –preguntó Mattius, señalando las miniaturas.
Michel enrojeció.
–No, en realidad… todavía no. Yo sólo copio la letra. Son otros los que reproducen las ilustraciones. Pero el libro no es lo más importante. –Reanudó su busca entre las páginas del volumen, hasta encontrar un legajo de hojas sueltas–. Ajá, aquí está. Esto es lo que quería enseñarte.
Le tendió los pergaminos a Mattius, que les echó un vistazo rápido y volvió a clavar su mirada en él.
–¿Qué pasa? Ah, perdona. No sabes leer, ¿no es eso? Trae, yo te lo leeré.
–Sé leer –replicó Mattius con cierta guasa–, pero sólo romance. Nadie me ha enseñado latín.
–Ah… perdona –se disculpó de nuevo–. Te lo explicaré. Hace aproximadamente cuarenta años un viejo ermitaño, Bernardo de Turingia, se presentó ante una asamblea de barones y les dijo que Dios le había revelado, por medio de una serie de visiones, que el mundo se acabaría en el año mil.
–No es la primera vez que oigo cosas de ese tipo. Es una extraña obsesión que les ha dado a algunos últimamente. ¿Y qué más?
–Por supuesto, no le creyeron. Pero describió sus visiones en esta serie de pergaminos que yo encontré en el códice. Tengo razones para creer que estas revelaciones son auténticas.
–¿Qué razones?
–Entre otras cosas, predijo la fecha exacta de la muerte del rey franco Hugo Capeto. Día, mes y año. No me fue difícil averiguarla, porque falleció el año pasado. Bernardo de Turingia acertó de pleno, y no tenía modo de saberlo; murió más de treinta años antes que el monarca.
–Como no sé latín, no puedo comprobar que me dices la verdad. De todas formas, aun en el caso de que el mundo se fuera a acabar en el año mil, ¿qué tiene que ver eso con tu Ciudad Dorada?
–Ten paciencia; ahora te lo explicaré. Según el ermitaño, la Rueda del Tiempo se sustenta sobre tres Ejes, tres amuletos de gran poder: el Eje del Pasado, el Eje del Presente y el Eje del Futuro. Cada mil años alguien los reúne para invocar al Espíritu del Tiempo y darle razones para que juzgue a la Humanidad digna de vivir mil años más. Bernardo no está seguro, pero cree que el último pudo ser Jesús de Nazaret.
–Un monje de Cluny declarando que Jesucristo salvó al mundo mediante tres amuletos, pero sólo por un milenio –comentó el juglar, asombrado–. Muchacho, tú no estás bien de la cabeza.
Michel pareció incómodo.
–Yo no digo que eso fuera así, y el anciano que escribió estos pergaminos tampoco lo sabía seguro, eran sólo conjeturas. De todas formas, yo no comparto su teoría.
–Entonces quieres invocar a ese… Espíritu para que la humanidad viva mil años más –resumió Mattius–. ¿Y tienes esos Ejes en tu poder?
–De eso se trata: están repartidos por toda Europa. Bernardo los vio en sueños, vio los lugares donde se guardan, pero eran sitios que él no conocía y que nunca había visitado. Describe uno de ellos como una gran Ciudad Dorada, símbolo del poder terrenal, con un magnífico palacio. Por eso la estoy buscando.
–Es decir, que allí se encuentra una de esas joyas y tú has partido para buscarla. Con esos datos no irás muy lejos, chico.
–No tengo otra opción –replicó Michel muy serio–. Se nos acaba el tiempo. Hay que encontrar los Ejes antes del milenio, e invocar al Espíritu del Tiempo. Si no lo hacemos, la Rueda se detendrá y todo habrá terminado.
Mattius se encogió de hombros.
–¿No dice la Iglesia que Jesucristo volverá para juzgarnos a todos? ¿Qué importa que sea antes o después?
–Importa porque sólo hemos empezado a cambiar el mundo. Los seres humanos no hemos asimilado todavía la doctrina divina y no hemos tenido tiempo de hacer todo lo que Cristo nos enseñó.
–Pues yo diría que mil años son muchos años –observó el juglar.
Michel se apartó de él, molesto. Cerró el libro y lo guardó en su morral.
–Seguiré yo solo –dijo fríamente–, si no crees que haya cosas en el mundo que merezcan ser salvadas.
–Me parece que te precipitas, amigo. ¿Qué dicen tus superiores a esto?
–Nadie cree en la profecía de Bernardo de Turingia. El abad de Saint Paul me dijo que lo mejor que podía hacer era celebrar con alegría el milenio del nacimiento de nuestro salvador. El fin del mundo, me dijo, no puede llegar aún, porque la Iglesia no está del todo establecida y la paz no ha llegado al mundo.
>> Yo le repliqué que por eso necesitábamos más tiempo. Mil años más y el ser humano habrá alcanzado la perfección espiritual, estoy seguro. Pero todavía no estamos preparados para el final de los tiempos.
–¿Y qué contestó a eso?
–Que eran pamplinas y que me quitara aquellas cosas de la cabeza.
–Ahora comprendo por qué me has contado todo esto a mí. Pero, suponiendo que eso sea cierto, ¿por qué crees que la Humanidad merece seguir viviendo? Tú te has criado en un monasterio. No sabes nada del mundo real. No has visto a la gente morir de hambre, trabajar de sol a sol para alimentar a sus hijos y luchar para que sobrevivan al próximo invierno. No has visto la miseria de los apestados, el miedo ante un ataque vikingo en las costas de la Normandía. No has visto cómo dejan los señores los pueblos por donde pasan si los campesinos no pagan lo que dicen ellos que se les debe. ¿Y qué hacen los poderosos? El Imperio y el Papado se pelean por el poder mientras el pueblo muere de hambre. El rey de Francia se halla al borde de la excomunión y la Iglesia está escindida. Los españoles luchan contra el Islam que avanza cada vez más. ¿Para qué prolongar el sufrimiento, la miseria, la enfermedad y el hambre? El mundo está viejo, dices. Déjalo morir.
–Pero… pero… ¿tú no quieres seguir viviendo?
–Tengo la conciencia bien limpia y no temo por mí. He viajado mucho, amigo; he visto muchas cosas. Siento tener que abrirte los ojos, pero la vida no es como te la pintan en los libros, tan hermosa como para que valga la pena conservarla mil años más. Lo siento. Es cuanto puedo decirte. Y ahora, adiós; tengo prisa.
Volvió a cargarse el macuto al hombro.
–¡Espera! –lo detuvo Michel–. Al menos dime si conoces la Ciudad Dorada. Un lugar grandioso lleno de riquezas, sede el poder terrenal y perecedero.
Mattius lo meditó un momento.
–Puede ser cualquier gran ciudad –dijo–. Pero, con esa descripción, yo apostaría por Aquisgrán.
–¿Aquisgrán?
–En francés, Aix-la-Chapelle. La residencia del Emperador Otón III.
–¿Tú has estado alguna vez allí?
–No –admitió el juglar–. Pero tenía pensado visitarla algún día.
–¿Quieres acompañarme?
Mattius sonrió.
–¿En serio piensas ir? Estás más loco de lo que yo creía. Se tarda tres meses de aquí a Aquisgrán… cuatro en invierno. Cinco con tu ritmo –añadió con cierto tono burlón–. Y eso siempre que no te encuentres con problemas en el camino.
Michel no respondió, pero se le quedó mirando con expectación.
–A ver si te enteras, chico –dijo el juglar, algo molesto–. Yo viajo solo. Aunque quisiera ir a Aquisgrán, no permitiría que me acompañaras. Serías una carga.
Michel se encogió de hombros.
–Como quieras. Entonces iré solo.
Cogió su macuto y se lo cargó a la espalda resueltamente.
–Encantado de conocerte, Mattius –dijo con gravedad–. Espero que volvamos a encontrarnos…
–…antes de que se acabe el mundo –completó el juglar con malicia.
Michel ignoró el comentario sarcástico. Se despidió con un gesto y echó a andar por la vereda. Mattius se quedó parado, mirándole, mientras su perro ladraba al ver cómo el muchacho se alejaba.
–¡Espera! –lo llamó el juglar.
Michel se volvió.
–Has de ir hacia el norte –gruñó Mattius–. Nunca llegarás a Aquisgrán por ahí. Bueno –añadió–, dejémoslo en que nunca llegarás a Aquisgrán y punto.
–Pues yo voy a intentarlo.
–No sé qué os enseñan en el monasterio, sinceramente –masculló Mattius–. Por lo visto, eso del ora et labora no va contigo. ¡Espera!
El muchacho seguía caminando. El juglar soltó una maldición por lo bajo y corrió para alcanzarlo.
–Me sentiré culpable si luego te pasa algo –explicó–. Al menos supongo que sabrás hablar alemán.
–No –confesó Michel–. ¿No es parecido al francés?
–Dios mío, muchacho –murmuró el juglar–, eres hombre muerto. Lo mejor que puedes hacer es buscar un monasterio y quedarte allí tranquilamente esperando el fin del mundo.
–Sabes que no lo haré –replicó Michel suavemente–. Iré a Aquisgrán, con o sin ti.
–Está bien –suspiró Mattius–, supongo que me da igual un sitio que otro, y no conozco muchas baladas alemanas. Será una buena ocasión para aprender.
Michel sonrió.
–Fabuloso –dijo.

Las llaves del horizonte

Título: Las llaves del horizonte
Autor: Manuel Quinto Grané
Editorial: edebé
Num. páginas: 189

Tras la muerte de su madre por culpa de un cáncer, un joven estudiante de Bachillerato no parece encontrar su lugar en el mundo e intenta rehacer su vida. Cuando su padre es invitado a un congreso de escritores de novela policíaca que se celebra en Moscú, se lleva con él a su hijo buscando una reconciliación. Sin embargo, no podía imaginar que ambos se verán involucrados en una trama de espionaje en la que arriesgarán su vida.

Opinión personal:
Trama un poco aburrida aunque de lectura sencilla...

La hija de la noche

Título: La hija de la noche
Autor: Laura Gallego
Editorial: edebé
Num. páginas: 196

La tranquilidad del pequeño pueblo de Beaufort se ve alterada por un hecho que parece carecer de una explicación razonable. El granjero Henri ha encontrado a una de sus vacas completamente desangrada. Algunos habitantes del pueblo, como el joven Jerome, creen que la mansión Grisard guarda cierta relación con el suceso. En el viejo y deshabitado caserón se instala allí la bella e enigmática Isabelle, que regresa a la localidad que la vio nacer y de donde huyó tiempo atrás. El misterio que rodea a esta mujer despertará las sospechas de sus vecinos, y el gendame del lugar, el joven Max, comienza a investigar...

Opinión personal:
Impactante argumento con un final tan inesperado como la identidad de los propios personajes.

Las lágrimas de Shiva

Título: Las lágrimas de Shiva
Autor: César Mallorquí
Editorial: edebé
Num. páginas: 237

"Todo comenzó con el misterio de un objeto muy valioso que estuvo perdido durante siete décadas: Las lágrimas de Shiva. A su alrededor tuvieron lugar venganzas cruzadas, y amores prohibidos, y extrañas desapariciones.
Hubo un fantasma, sí, y un viejo secreto oculto en las sombras, pero también hubo mucho más."

Ganador del Premio Edebé de Literatura Juvenil.

Opinión personal:
Supuestamente no es una historia de terror, aunque a mí la verdad es que había partes que me dió algo de miedo. En resumen es una historia muy bonita, que la trama se va resolviendo poco a poco y el lector puede pensar y saber el final antes de leerlo.

Finis Mundi

Título: Finis Mundi
Autor: Laura Gallego
Editorial: SM
Num. páginas: 252

Francia. Año 997 de nuestra era. Michel, un monje cluniacense, decide embarcarse en una misión imposible. Según las revelaciones del ermitaño Bernardo de Turingia, el fin del mundo se acerca y solo hay una manera de salvar a la humanidad: invocar al Espíritu del Tiempo. Pero antes es preciso recuperar los tres ejes sobre los que se sustenta la Rueda del Tiempo. ¿Dónde se encuentran? Nadie lo sabe.

Opinión personal:
Trama extraordinariamente brillante e intrigante. Laura Gallego siempre consigue emocionarnos con sus libros, y con este lo hace al final, que es un final precioso.

Saga Crepúsculo

Esta tetralogía de novelas románticas y fantásticas fueron escritas por la escritora Stephenie Meyer, y en España se publican en la editorial Alfaguara.



Isabella Swan, una joven de diecisiete años que se muda a Forks con su padre. En su primer día de clases Bella ve a cinco estudiantes que le llaman la atención: son los hermanos Cullen; Edward, Emmett, Jasper, Alice y Rosalie.
Entre ellos, Edward es quien capta rápidamente la atención de Bella. Y cuando Bella está a punto de morir aplastada por un coche, éste le salva la vida apareciendo junto a ella con una rapidez sobrenatural. Este incidente la lleva a sospechar de Edward, ya que no puede creer que alguien “humano” pueda ser capaz de hacer algo así.
Hasta que un día, Jacob Black, su amigo, le confirma que los Cullen son, en realidad, vampiros.









El libro comienza con el cumpleaños número dieciocho de Bella  en la fiesta que organizan los Cullen para ella, donde Bella se corta abriendo un regalo. Jasper pierde el control al oler su sangre, pero Edward y el resto de los Cullen la protegen.
Tres días más tarde, Edward le dice a Bella que no la ama y que nunca más la volverá a ver, que él y su familia se marchan de Forks. La decisión de Edward le rompe el corazón a Bella y la postra en una profunda depresión...









Bella continúa su relación con Edward haciendo caso omiso a las opiniones de los demás. Un día en el instituto, Bella se da cuenta de que Alice tiene una visión, pero al preguntar por ella a Edward, éste cambia de tema.
Al día siguiente, Edward y Bella inexplicablemente se besan de una manera más apasionante e intima, hecho que los deja a ambos con un extraño sabor de boca. Mientras, Bella trata de ver a Jacob a escondidas.









Bella y Edward se casan, y después de la luna de miel Bella se da cuenta que está embarazada pero su embarazo no es como los otros. Ella esta embarazada de un "niño especial" mitad vampiro y mitad humano el cual la está matando por dentro al consumir su sangre y su energía...










Opinión personal:
Ritmo frenético, aunque no pasen muchas cosas en realidad. Recomiendo leer los libros, pero bajo ningún concepto ver las películas, ya que podría el lector llevarse una decepción.

Por un maldito anuncio

Título: Por un maldito anuncio
Autor: Miguel Ángel Mendo
Editorial: SM
Num. páginas: 112

Se acerca el cumpleaños de Chelo, y Matías quiere hacerle un regalo muy especial: un cuento de su autor preferido: Rafael Mundo. Pero el escritor no tiene tiempo que perder. Está inmerso en la campaña publicitaria de unas galletas y no se le ocurren ideas creativas. En cambio, a Matías le sobran las ideas...

Opinión personal:
Un libro corto, de lectura rápida. La trama es bastante sencilla y realista, aunque gustan mucho los personajes.

La española inglesa

Título: La española inglesa
Autor: Miguel de Cervantes
Editorial: Cided

Ricaredo lleva a la española Isabela a Londres. Ricaredo y su familia son católicos secretos que viven en la protestante Inglaterra. Los dos jóvenes llegan a enamorarse, los padres de él tenían planeado casarlo con una escocesa. Entonces comienzan las varias separaciones entre los dos. Ricaredo tiene que salir en una expedición con el barón de Lansac, prueba su valor, y vuelve con muchas joyas que ofrece a la Reina. Mientras, la madre de otro joven que también está enamorado de Isabela, quiere envenenar a la joven porque la Reina no le da permiso para casarla con su hijo...

Opinión personal:
Lo leí con la intención de descubrir más obras de Cervantes aparte del Quijote, pero la verdad es que me llevé una decepción, ya que no tiene nada que ver con el ingenioso hidalgo y sus aventuras, este libro trata de acuerdos familiares, política y poco más, además se me hizo bastante tediosa la lectura.

Colección Los cinco

Los Cinco es una colección de 21 libros infantiles de aventura y misterio,  independientes, donde los protagonistas (dos niños, dos niñas y un perro) pasan una aventura diferente en cada libro. Escritos por la inglesa Enid Blyton a lo largo de las décadas de 1940, 1950, y 1960.



 Los protagonistas de la trama son Julian, Dick y Ana, hermanos entre sí, más su prima Jorgina (Jorge) y el perro de ésta, Tim. Los episodios suelen desarrollarse cuando el grupo de primos de Jorgina se desplaza hasta Kirrin con ella durante las vacaciones. A lo largo de la colección "Los Cinco" se encuentran con misterios tales como contrabando, robos, secuestros, tesoros, etc.


Opinión personal:
Creo que es un poco infantil, aunque cualquiera puede leerlo y sacar el niño aventurero que lleva dentro. Cada libro es una aventura de emociones y peligros diferente. Está bastante bien.

Asesinato en el Canadian Express

Título: Asesinato en el Canadian Express
Autor: Eric Wilson
Editorial: SM
Num. páginas: 159

Tom Austen, un muchacho canadiense, viaja en el Canadian Express. Durante el trayecto hacia Vancúver se comete un asesinato: la esposa de un banquero aparece apuñalada. Así que Tom Austen, lector empedernido de novelas policíacas, empieza a investigar por su cuenta.

Una intrigante novela juvenil, que no a de ser confundida con Asesinato en el Orient Express, obra de la gran Agatha Christie.

Opinión personal:
Es un libro fascinante para quienes se estén empezando a adentrar en el mundo de los libros y les guste la intriga y lo policíaco. 

La cazadora de Indiana Jones

Título: La cazadora de Indiana Jones
Autor: Asun Balzola
Editorial: SM
Num. páginas: 109

Christie hereda una horrorosa cazadora de su hermano, En el colegio se burlan de ella, así que la joven cuenta su secreto: la prenda perteneció a Indiana Jones. La noticia causa gran revuelo, y a Christie no le queda más remedio que alquilarla por horas.

Un divertido relato infantil/juvenil con un gran sentido del humor muy cercano.

Opinión personal:
Tardé en leer este libro menos de un día, por ser bastante corto y porque me gustó mucho. Al principio el título no me llamó la atención, pensé que iba a ser algo aburrido, pero nada más lejos de la realidad, me gustó mucho. Me pareció muy divertido.